La Galeria de San Isidro. Del 20 de Mayo al 6 de Junio, 2026
La forma en que los seres humanos reconocemos el espacio trasciende la disposición física de la materialidad. Sin embargo, este acto se muestra marcado por lo ordinario que revela profundas tensiones filosóficas entre lo individual y lo colectivo, lo material y lo inmaterial.
El horizonte es la mayor ficción de la percepción humana. Lo vemos pero al movernos este se desplaza. No es un lugar, si no una relación de distancia, sabemos que esa línea inalcanzable no existe como frontera real, sino como una tensión entre lo que somos y lo que imaginamos.
En esta selección de obras, la geometría, el color y la materia se unen para denunciar esta percepción, desde la poética del vacío y la presencia. Uso la materia como límite, para lograr un encuentro de realidades táctiles, con la frialdad del mármol, la calidez y densidad de la madera y la pureza del pigmento. Este encuentro físico en las obras es el límite que separa lo real de lo imaginado, y donde el color se detiene ante una forma, para entender donde se juntan las historias que deciden coexistir.
Estas obras no intentan representar un paisaje, sino la experiencia de mirar. Busco que el lenguaje de la pintura exista como un lugar de experiencia y no como una ventana hacia la ilusión. El uso de los colores actúa como una pared de sensaciones, las grandes superficies de color nos invitan a contemplar más la abstracción del vacío o de lo que no vemos, mientras que el cuerpo de la materia ancla la mirada en la presencia.
Esta exposición invita a aceptar la inexistencia de una meta o lugar. Las obras funcionan, paradójicamente como fragmentos de un mundo que no se deja contener por líneas rectas. Al eliminar la ilusión de la profundidad tradicional, obligo al espectador a mirar la superficie real: el peso del mármol, la vibración del color y la textura de los materiales.
Es así que el horizonte se vuelve el acto mismo de mirar lo que tenemos enfrente.
Michelle Magot